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lunes, 22 de abril de 2013

EL APALABRAMIENTO DE JOSÉ MANUEL ARANGO




APALABRAR
José Manuel Arango

Pero al niño ciego le dicen ésta es la lluvia
y él la acepta en el dorso de la mano
y le dicen éste es el azulejo
y él pasa suavemente las yemas por el cuello
corvo
Lluvia, azulejo: nombres
para las perplejidades del niño
ciego




En el cine como en la literatura se puede partir de una imagen que condensa y sintetiza el argumento de la historia. La imagen principal o imagen matriz se descompone en otras imágenes, o va apareciendo inesperadamente, pero con la contundencia necesaria. De tal manera la imagen es una matriz para dar a luz las imágenes que servirán para contar la historia. La imagen le da razón, sentido, origen a la historia.
La imagen anuncia, prepara, amarra, conecta, vincula… Hay una imagen detonante, de donde se van dando las demás imágenes como amarres. Es una imagen preparatoria para el punto de giro, donde la historia va a cambiar. Las imágenes ordenan, incluso como en la poesía el caos de la estructura poética, termina siendo el orden que necesitan ciertos textos, pero siempre hay una conexión interna.
Pero es importante decir que no siempre la imagen es el tema: la historia, su argumento, su trama. El guionista o el poeta pueden variar las imágenes, presentar un collage de imágenes que logren en su conjunto estructurar una obra, un texto.

En la literatura, especialmente en la poesía, la brevedad y la capacidad de síntesis equivalen a la contundencia de la imagen cinematográfica.

El cine y la literatura nos involucran en todo, en toda la experiencia sensible, pero es necesario dejar sentir, dejarnos estimular la imaginación y el pensamiento. Ir a cine o leer un libro significa disponernos a crear. El espectador y el creador deberían participar de la obra, y así sucede en muchas obras. Deliberadamente el autor ha creado la obra para que se afirme y tenga sentido estético por la participación del que mira, es decir, del que vive en y con la obra.

La potencia creadora de la palabra y la imagen cinematográfica se unen en El gran Pez (2003), dirigida por Tim Burton, y escrita por John August.

Se sostiene la fuerza de la narración oral, tejida por imágenes continuas que sintetizan las pequeñas historias en función de la historia de Edward Bloom.

Las imágenes cinematográficas privilegian la intensidad del color y juegan con el absurdo y lo fantástico.

Imagen literaria e Imagen Cinematográfica logran fascinar y potenciar la imaginación.

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